lunes, 15 de septiembre de 2014

Sevilla en Fiestas. Bacarisas.



Contemplando “Sevilla en fiestas” de Bacarisas, podríamos encontrarnos ante un caso de incoherencia total.

Todo aquel que se haya rozado con Sevilla, aunque solo haya sido por poco tiempo, sabe que esta ciudad no se exterioriza, en general, de esta manera, de esta forma, con este clima, con esta luz. Las fiestas andaluzas, en general, y las sevillanas en particular, tanto en las tardes cálidas, como en las noches de azul transparente, nunca tienen esta luminosidad dramática con que aquí la viste Bacarisas. Las mujeres nos llegan como fantasmas, bañadas en una luz de aparición, surgiendo de un fondo perdido, oscuro y misterioso, cuando deberían llegarnos como seres reales, hechos de carne y risa, esparciendo por los cuatro costados su natural estado de aromas y deseos. A Sevilla, sensual y gozosa, le van más los óleos de Tiziano que los aguafuertes de Rembrandt.

De todas maneras debemos prevenirnos ante los juicios demasiado determinantes. El Arte incluye en sí, siempre, tal nobleza y dignidad, que toda obra, cuadro en este caso, debe ser siempre objeto de cariño, respeto y comprensión, aun cuando no concuerde correctamente con nuestras apetencias y forma de ver las cosas. Y este de Bacarisas, por su sorprendente cromatismo, puede convertirse en una realización sin par, con un poder decorativo formidable y quizás, difícil de aceptar por su complejidad.

Desde otro punto de vista, el autor es siempre libre de interpretar la realidad como bien le parezca. Y en este sentido, cabe la posibilidad de que don Gustavo haya querido exaltar la figura de la mujer sevillana en fiestas, extrayéndola del entorno luminoso al que antes hacíamos referencia, para destacarla como alma, figura y protagonista del gozo festivo. Para mí, que siempre entendí y practiqué eso de las artes escénicas, veo el cuadro como el final de acto de alguna obra teatral, en el que la música ha resuelto en un crescendo y las luces se atenúan en los contornos de la escena, para dejar solo unos focos concentrados sobre las absolutas protagonistas… ¡La mujer sevillana!
No debemos ignorar una posibilidad que, de sencilla, nos tiraría por tierra todas nuestras anteriores reflexiones y divagaciones. ¿Y si el autor hubiese querido situar a estas tres bellísimas mujeres en plena noche sevillana paseando bajo la luz de las farolas? Y lo digo, porque algún estudioso de nuestra pintura, ha llegado a decir sobre Bacarisas que es un autor “que tiene predilección por los cuadros de ambiente nocturno a los que sabe dotar de una atmósfera bajo la que fluye una gran emoción lírica…” Podría valer. En cualquier caso y en términos generales, la pintura de Bacarisas deja notar un estilo muy personal con claras influencias modernistas e impresionistas.

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