No sé porqué circunstancias, pero recuerdo haber estado en una breve estancia, una habitación pequeña y escondida de este edificio, con acceso por un estrecho pasillo y que carecía, incluso, de luz exterior. Este cuartito misterioso creo que ahora se llama Sala de Retratos y en él se guardan algunos muy estimables. Hay uno de Fernando VII, del cual se dice que puede ser original de Goya. Tal atribución nunca ha llegado a ser confirmada. Por la sola existencia en el cuadro de ciertas calidades, se aconseja observarlo con especial interés y detenimiento. Los catálogos le conceden su importancia, pero ya sabemos…
Al fondo de la reducida estancia se encuentra el lienzo conocido por “Los Patronos”, de Alfonso Grosso. Se trata de una obra rigurosamente contemporánea, en la cual podemos ver, retratados fielmente, a dos conocidos personajes del mundillo cultural sevillano, el canónigo José Sebastián y Bandarán, el marqués de San José de la Serra, así como al propio pintor, el cual, lo mismo que Velázquez en “Las Meninas”, sin estar físicamente en la composición, se ha incluido en ella, dejándose reflejar por un espejo.
El cuadro nos ofrece, en su conjunto, la peculiar tonalidad a que tan aficionado es el autor. Es un hecho explicable por las leyes de la Física, que el arte, a pesar de su trasparencia integral, cuando se interpone delante de un horizonte lejano, le presta tonalidades azules. En el ámbito de sus cuadros, bañado todo de una luz cernida, como de ventana abierta al norte, el mundo toma una especie de celeste matiz onírico. El ambiente y las cosas, sin dejar de ser reales, parecen bañarse en claridades submarinas. Se hacen leves, ingrávidas y adquieren una rara musicalidad.
La exactitud del dibujo y el amor al detalle, hacen que las obras de este pintor vistas desde lejos, parezcan lineales. Pero, no lo son. Miradas desde más cerca, los perfiles se quiebran, los reflejos brillan cabalgando sobre las aristas y los grandes planos vienen manchados de pinceladas que son rayitos de luz incidente. Todo lo cual es más bien impresionismo. Un impresionismo mesurado y como señorial que quiere pasar inadvertido. Parece que Grosso ha logrado una especie de compromiso entre lo táctil y lo pictórico, entre lo lineal y lo impresionista. Compromiso muy feliz y lleno de resultados en el que tal vez pudiera encontrarse la gran verdad de la pintura.
Estamos ante un hombre sereno y geométrico que no parece atraído por el paisaje, ni gusta de fondos confusos. Ama las arquitecturas meridionales, blancas, sobrias y bien equilibradas. Es pintor de interiores, por excelencia. Todas sus anécdotas acaecen en recintos cerrados, serenas estancias conventuales, perfectamente delimitadas. Si acaso, se permite alguna vez, como audacia máxima, una leve dislocación de la perspectiva en los que apunta algo de forillo teatral.
Pero en el interior que ahora vemos, la composición es deliberadamente simple. Mejor, diríamos austera. Advierto por ambos costados que no hay luces laterales. Que el fondo se cierra por una pared paralela al lienzo. Que junto a la pared, hay una larga mesa. Y que el fondo anterior de esta, es ya el primer término, por lo que se dispone de muy poco espacio para situar las figuras. Por otra parte, tratándose de un retrato, nunca se podrían introducir tensiones dramáticas orientadas hacia un fondo alejado. La composición tiene que ser plana.
Sin embargo, el pintor ha sugerido en la mesa un levísimo escorzo y ha sentado al personaje de la derecha. Con ello basta para que la composición aparezca sesgada y gane un punto de vida y movimiento. Pero, además, el propio artista, por la forma en que le vemos reflejado en el espejo, debe encontrarse en la realidad, más acá del lienzo y en el mismo punto aproximadamente en que se encuentra el contemplador. Este cuenta, pues, con que en el cuadro hay tres figuras. Pero tal y como sucede en la vida normal, imagina y busca el tercer personaje, no por su reflejo sino por su corpórea realidad. Y tampoco en el espejo, sino en el punto en el que verdaderamente debe estar. El propio Grosso se sitúa así dentro de la composición, pero fuera del cuadro. El pintor, de esta manera, tira del primer término y mete parte de su propio estudio en el fingido ámbito de la pintura, lo cual, al no poder ganar profundidad a través del sólido muro que le sirve de fondo, la gana expandiéndose hacia nosotros, hacia el espacio real abierto delante del cuadro y cuya existencia se nos sugiere mediante el hábil recurso del espejo.
Aunque no hay en el mundo nada menos barroco que Grosso, se insinúa aquí un nuevo compromiso entre la composición plana, más propio de momentos clásicos, y la composición profunda, que inyectó dramatismo en la pintura barroca. El plano venía obligado por tratarse de un retrato y por la estrechez del espacio disponible. Pero el pintor ha superado esta exigencia y mediante un ingenioso artificio, completando la composición con una tercera figura invisible, sugerida mediante un reflejo, ha introducido la profundidad y ha salvado con una ocurrencia extra pictórica, el peligro de presentar un cuadro demasiado estático.
Lo minucioso del dibujo, el amor a los interiores y la afición por la anécdota, hace que el pintor nos recuerde, extrañamente, a los artistas flamencos. Por el contrario, su paleta, su pincelada y su sentido de la perspectiva lo traen a nuestro momento, momento en que se vuelve felizmente a lo figurativo después de un exceso de lo abstracto. Pero siempre encontraremos en Grosso, como andamiaje fundamental que permanece intacto después de cualquier análisis, una especie de seductor y acariciante arcaísmo.
Este cuadro de “Los Patronos”, nos viene a dar una provechosa lección acerca de lo aleatorios y subjetivos que pueden resultar los apresurados juicios críticos de los visitantes ocasionales del Museo. Una factura que parece lineal, después de bien mirada, puede ser también impresionista. Un estilo que habría de ser plano, mediante un recurso de oficio, se presenta como profundo. Una composición puede considerarse abierta, al no haber muros laterales. Después, por el estrecho paralelismo de todas sus grandes líneas con los bordes del cuadro, resulta ser cerrada…

No hay comentarios :
Publicar un comentario